Todos los días cruzo calles por las que pasan cientos de autos. Mientras cruzo puedo ir pensando en cualquier cosa, excepto en que me van a atropellar.
De chiquito te enseñan a mirar a ambos lados antes de cruzar y con esperar al semáforo es suficiente. Pensar todo el tiempo en ser atropellado sería totalmente paralizante.
Sin embargo, en otros aspectos de la vida, de vez en cuando tengo un pensamiento que no me deja avanzar… “puede salir mal”… “puedo quedar en vergüenza”… “puede no terminar como espero”… “mejor en otro momento”.
Cuando eso pasa, me detengo, miro a ambos lados, miro el semáforo y sigo avanzando.