Suena el despertador, trato de apagarlo rápido para no despertar a Meli.
Me levanto, le hago unos mimos a los gatos que me ven despierto y empiezan a reclamar comida (aunque tienen el plato lleno).
Voy al baño, salgo y me siento en el almohadón en frente de la pared de mi oficina.
Pongo el temporizador, las piernas en posición de loto birmano, estiro el cuerpo y me quedo callado mirando la pared.
Permanezco inmóvil, prestando atención a la respiración, tratando de apartar cualquier otro pensamiento (y fallando).
Aprovecho que no hay ruido, que la mayoría duerme, que todavía faltan horas para empezar a trabajar y no estoy apurado.
Termina y puedo desayunar y comenzar el día.
Puede parecer tonterías de new age, ganzadas de hippie con Osde o una pérdida de tiempo… y tal vez lo sea.
Por ahora para mí es la mejor manera que encontré de empezar el día.

Ah… y no leer diarios hasta pasado el mediodía.