Todos le tenemos miedo a algo: a las alturas, a las víboras, a las agujas (x_x), a la muerte, etc.

Más allá de los “miedos comunes”, también están los miedos que aparecen para enjaularnos y evitar estar felices y satisfechos.
El miedo puede hacer que no empieces a escribir, que no empieces un emprendimiento, que no empieces una dieta o una rutina de gimnasia.

A mí me ayudó enfrentarme a mis miedos hacerme la pregunta:

“¿A qué le tenés miedo?”

La respuesta muchas veces es ridícula.
Te das cuenta que los miedos fueron fabricados por vos, que no tienen sustento lógico, ni razón.
Lo bueno es que el miedo es una elección y es posible elegir vivir sin miedo.
Por lo que aprendí que cada vez que algo me frena, me vuelvo a hacer la misma pregunta.